sábado, 18 de fevereiro de 2023

A nossa parte da noite - obra-prima de Mariana Enriquez (POR LER)


A Nossa Parte da Noite, o aguardado livro da argentina Mariana Enriquez, é um romance épico, gótico, múltiplo, uma mescla de géneros e tradições literárias e onde as personagens atravessam mundos e submundos. Os temas universais da família, do poder e da eternidade cruzam-se com os de sociedades secretas e seres obscuros que procuram redefinir a natureza da vida e da morte - o terror sobrenatural entrecruza-se com terrores muito reais. Em tempos de ditadura militar, um pai e um filho atravessam a Argentina de carro, desde Buenos Aires até às cataratas de Iguaçu. Pelo caminho há operações de controlo militar e o clima geral é de grande tensão. O pai tenta proteger o filho, Gaspar, de um destino que parece estar traçado. A mãe morreu em circunstâncias pouco claras. Tal como o pai, Gaspar foi chamado a ser médium numa sociedade secreta, A Ordem — já com séculos de existência —, dominada pela poderosa família da mãe de Gaspar. O destino do médium é cruel, pois o seu desgaste físico e mental é rápido e implacável.


Desta inicial viagem de carro partimos para uma outra viagem alucinante - com passadiços que escondem monstros inimagináveis; interiores de casas que comportam abismos e mudam subitamente sem a intervenção humana; com enigmáticas liturgias sexuais; andanças pela Londres psicadélica dos anos sessenta; a ditadura militar, os desaparecidos; e a incerta chegada da democracia.

Considerado pelo júri do Prémio Herralde «o novo «grande romance latino-americano», na senda de Rayuela, Paradiso, Cem Anos de Solidão ou 2666, A Nossa Parte de Noite é um romance total e deslumbrante que consagra Mariana Enriquez como uma escritora fundamental das letras latino-americanas do século XXI.

sábado, 4 de fevereiro de 2023

Katherine Mansfield

Con­tem­po­rá­nea nues­tra

Hace casi exactamente un siglo, el 9 de enero de 1923, Katherine Mansfield murió después de un gran vómito de sangre. Su marido había venido a visitarla al sanatorio de Fontainebleau en el que estaba recluida y Mansfield subió delante de él las escaleras hacia su habitación con tanta impaciencia que sus pulmones enfermos no pudieron resistir el esfuerzo. Esa impaciencia nerviosa contra el infortunio y contra cualquier clase de imposición era un rasgo de su carácter, un principio rector de su vida. Había cumplido 34 años solo unos meses atrás, en octubre de 1922. Llevaba cuatro años enferma de tuberculosis. Para hacerme una idea de su juventud no debo pensar en una mujer muerta hace 100 años, sino en las personas de la generación de mis hijos. Solo así puedo calibrar lo prematuro y lo injusto de la muerte de Katherine Mansfield, y también la precocidad de su talento, y la amplitud de la promesa que no pudo cumplir, todo lo que habría escrito si no hubiera muerto tan joven.

Dos meses antes que ella murió Marcel Proust, a los 51 años. También fue una muerte temprana, pero Proust sabía que su novela inmensa estaba terminada en lo esencial, que había culminado el gran trabajo de su vida. Mansfield sentía la angustia de lo inacabado, de lo malogrado, de lo que se quedaría sin hacer, el remordimiento de no haber emprendido libros de mayores dimensiones, de haberse limitado al formato del cuento, “pequeñas historias como pájaros en jaulas”, decía ella misma. Hay personas, a la vez inseguras y temerarias, dotadas de una gran capacidad para socavarse a sí mismas. Katherine Mansfield tenía la destreza de comprimir duraciones y amplitudes de novela en las 15 o 20 páginas de un relato, igual que era capaz de fijar el pormenor de un instante en una sola frase de fluir liviano y armadura musical. Pero las jerarquías oficiales de la literatura actúan pesadamente incluso sobre aquellos que se han atrevido a romperlas, y el cuento era entonces, y sigue siendo ahora, un género menor, más aún si quien lo cultivaba era una mujer, y si trataba en apariencias de asuntos superficiales o mundanos, escenas domésticas, fiestas en jardines, episodios fragmentarios de vidas que empezaban de golpe, como sin previo aviso, y terminaban de manera abrupta, en el aire, en la ambigüedad de lo no dicho o de lo indeciso.

T. S. Eliot aplicó el adjetivo letal de “femeninas” a las historias de Katherine Mansfield. Virginia Woolf mantuvo con ella una amistad difícil, y confesó en su diario que el único escritor hacia el que sentía celos era ella. En el ambiente de enrarecido clasismo de Bloomsbury, Mansfield era una presencia lateral y algo exótica, una rareza, un agente doble. Venía de una familia acomodada de Nueva Zelanda, y ese origen colonial le vedaba una plena pertenencia. Traía consigo una leyenda de promiscuidad vivida con una desenvoltura muy ajena a las maneras formales tras las que escondían los fieles de Bloomsbury sus propias disidencias eróticas. Su gran amor en el internado había sido una princesa maorí. Tocaba el violoncelo. Trabajó de extra en películas mudas. Se había casado y su matrimonio había durado solo un día. Había estado embarazada de un hombre que no era su marido fugaz, y estaba sola cuando perdió a su hijo poco antes del parto. Se casó por segunda vez con un crítico de origen obrero, John Middleton Murry, que había logrado una beca para Oxford, pero que no había perdido un acento que lo delataba sin remedio en los salones literarios de Londres. Mansfield y su marido, junto a D. H. Lawrence y su esposa, fundaron una especie de doble pareja abierta escandalosa que estalló al cabo de unos meses de convivencia imposible. Había probado “toda la variedad”, anotó no se sabe si con desconcierto o envidia Virginia Woolf. Decía de sí misma que era “a very MODERN woman”, acentuando el adjetivo con mayúsculas.

Era moderna en su pelo muy corto y en el flequillo sobre las cejas, en la ropa desenvuelta que vestía, en una vida afectiva en la que el impulso de la soberanía personal chocaba muchas veces con la necesidad del amor, igual que su instinto de nomadismo y desarraigo se correspondía con el deseo y la añoranza de una quietud doméstica, de un lugar tranquilo y seguro en el que dedicarse a la escritura, curarse de la enfermedad y sentir abrigado el corazón. Su inteligencia no era ideológica, sino narrativa y poética. La radicalidad de sus principios está en su comportamiento cotidiano y en su observación a la vez compasiva e implacable de las vidas humanas, las de las mujeres y también las de los hombres, las de las niñas y los niños, los ancianos, los ricos, los criados, en una prodigiosa variedad que incluye hasta los animales y las plantas, los gatos, los perros, los insectos, una polilla que entra por una ventana abierta a la noche de verano, una mosca que cae en un tintero. Lo que escribe sobre una de esas mujeres solitarias que pueblan sus cuentos, Miss Brill, lo está diciendo de sí misma: “Se había convertido en una verdadera experta en escuchar como si no escuchara, en quedarse sentada durante unos minutos en las vidas de otras personas mientras hablaban a su alrededor”.

Nunca olvidada, Katherine Mansfield siempre ha estado un poco al margen. 2022 fue un año de centenarios imponentes, el de Ulises, el de La tierra baldía, el de Proust. En esa lista no se ha incluido nunca, que yo sepa, el centenario de The Garden Party, que es el último libro de Katherine Mansfield publicado en vida, y que incluye alguno de sus mejores relatos, no inferiores en originalidad o en altura literaria a cualquiera de las revelaciones más celebradas de aquel año. A su aire, Mansfield participa del gran proyecto modernista de despojamiento de las prolijidades, las sobreabundancias, los amontonamientos abrumadores a los que habían llegado las artes hacia 1900: un mismo empeño de simplicidad y limpieza alienta en los arquitectos, en los compositores, en los pintores, en los diseñadores de muebles y de ropa, en los escritores. Los cuentos de Katherine Mansfield están tan limpios de excrecencias decorativas como una fachada vienesa de Adolf Loos, un bodegón de Juan Gris, una partitura de Erik Satie. Desde la primera frase ya estamos plenamente en el interior de una historia, un poco aturdidos, porque la autora no nos ha cargado con ninguna información previa. El aturdimiento lo disipa la alerta, porque como recién llegados tenemos que fijarnos en todo tipo de detalles significativos que se disiparán en un instante. Escribió en una carta: “No debe haber ni una sola palabra fuera de lugar, o una palabra que pueda quitarse”.

Dice Proust que una obra innovadora crea su propia posteridad, al ir seduciendo uno por uno a lo largo del tiempo a los aficionados capaces de apreciarla y de difundirla, y a los artistas que sigan su ejemplo. Nuestra sensibilidad de un siglo después se reconoce en las historias de Katherine Mansfield porque ellas mismas han estado irradiando con sigilo su influjo, durante más de 100 años, a varias generaciones de lectores y escritores. Así se ha difundido su irreverencia hacia las formalidades y las tonterías sociales, su atención a los ignorados, a los débiles, a los solitarios, sus retratos de las rebeldías secretas o abiertas de las mujeres, la precisión casi botánica de su estilo, la urgencia entre exaltada y angustiada de su celebración de la belleza de las cosas, contempladas con la plena conciencia de que su vida joven estaba acabándose.

terça-feira, 27 de dezembro de 2022

PARAÍSO - Abdulrazak Gurnah


 Paraíso - Abdulrazak Gurnah - (literatura pura e dura)


Ver crítica: https://postal.pt/edicaopapel/paraiso-de-abdulrazak-gurnah%EF%BF%BC/


O JARDIM MURADO

Yusuf saiu de casa aos 12 anos. Vivia com os pais numa casa cheia de caruncho. O pai dirigia um hotel, na pequena cidade de Kawa. Aziz, o tio comerciante abastado, visitava-os de vez em quando e dava-lhe uma moeda de 10 anás. Muitos rapazes e homens da cidade trabalhavam para os alemães na construção da via férrea.

O mendigo Mohamed, viciado em liamba. Yusuf e a mãe protegem-no. Yusuf roubou uma moeda ao pai, mas era tão valiosa que a escondeu.

O pai de Yusuf teve uma primeira mulher com quem teve 2 filhos, mas ela voltou para os pais ao fim de 8 anos e ele nunca mais a viu. Ter-se-á afogado com os dois filhos?

Yusuf saiu de casa aos 12 anos para ir trabalhar na loja do tio Aziz. O pai de Yusuf deve muito dinheiro a Aziz.

Yusuf tem medo de noite dos cães que aparecem perto do local onde dorme com Khalil, o empregado do tio. Ma Ajuza, uma mulher gorda está perdida de amores por ele.

Na casa vive a mulher do tio Aziz, sempre fechada e aparentemente louca. Recebe mulheres que cuidam dela e ninguém a vê. Khalil e Yusuf vão ver o mar e jogar kipande.

O tio Aziz parte para comerciar no interior. A viagem pode durar meses. Vende contrabando aos selvagens.

Há um jardim maravilhoso ao fundo da propriedade, que Yusuf começa a frequentar às escondidas. Sai de lá quando ouve a voz da Senhora, um queixume misterioso.

A CIDADE NA MONTANHA 

Yusuf vai pela primeira vez numa viagem ao interior. Mohammed Abdalla, o capataz cruel e, dizia-se, sodomita avisou-o de que iria.

Mzee Hamdani, o velho jardineiro, deixava Yusuf tratar do jardim, à tarde.

A caravana parte de comboio e chegam a uma pequena cidade para lá de Kawa. Vão a uma loja, de Hamid Suleiman. Yusuf fica lá enquanto o resto da caravana vai até aos lagos. Maimuna, a mulher de Hamid e este encarregaram Yusuf de construir um jardim, até Aziz regressar dos lagos.

Um dia Hamid Yusuf foram na carrinha com o indiano Kalasinga visitar as aldeias das encostas das montanhas para fazer comércio lá. Acampam perto de uma cascata paradisíaca e Hamid diz que há um jardim inacessível e oculto na terra equivalente ao Éden.

Hamid teme que a parceria comercial com Aziz corra mal.

Uns dias depois de regressarem, Aziz regressa também. Correu tudo bem. Ficará Yusuf com Hamid ou voltará com Aziz?

A VIAGEM AO INTERIOR

Yusuf fica. Começa o mês do Ramadão. Tem 16 anos. Não sabe ler, não conhece o Corão e Hamid fica escandalizado e decide mandá-lo para a escola com as crianças mais novas, para que ele aprenda a ler e a ficar no bom caminho.

Yusuf começou também a aprende mecânica e inglês e muitas outras coisas com o indiano Kalasinga.

Asha, a filha adolescente de Hamid, parece apaixonada por Yusuf.

O tio Aziz leva Yusuf numa nova expedição comercial. Foi Hamid que lho pediu. Aziz serve o tio.

Mohammed Abdalla parece proteger Yusuf. O supervisor, um assassino chamado Simba Mwene, goza com a situação. 

Em Mkata, acampam e são recebidos com antipatia pelo ancião chefe. Uma mulher da aldeia é comida por um crocodilo e o ancião acha que foi a caravana de Aziz que levou o mal à aldeia. À noite, um carregador jovem é atacado na cara, por uma hiena e morre. O ancião considerou que tinha sido feita justiça.

OS PORTÕES DE FOGO

Passam pela cidade de Tayari. Yusuf sente-se cada vez mais forte e experiente. Sobem até à aldeia do sultão Chatu, pela floresta intestada de mosquitos e humidade, e são feitos prisioneiros porque um comerciante teria anteriormente enganado o sultão. Yusuf fica na tenda do sultão como refém até se decidir o regresso de Aziz sem as mercadorias. Uma rapariga, Bati, parece estar-lhe destinada pela aldeia.

Apareceu um alemão careca e barbudo com os seus guardas e obrigou Chatu a devolver a mercadoria a Aziz. Este partiu com os seus para Marimbo, para recuperar da azarada expedição. Mas em Marimbo, Aziz ficou deprimido. Tinham perdido um quarto dos homens e um quarto da mercadoria. 

Demoraram 5 meses a fazer a viagem de regresso. 

O BOSQUE DO DESEJO

De regresso, Aziz, adoentado! Pagou aos carregadores sobreviventes e a Abdalla e ficou apenas com Simba. Yusuf voltou a trabalhar ao balcão com Khalil. Este terá sido molestado por Abdalla, que o despreza, enquanto nutre grande admiração por Yusuf.

Simba e Aziz vão a casa de Hamid para recolherem vipusa, o líquido dos cornos de rinoceronte, para o irem vender a um indiano à fronteira, para Aziz recuperar estabilidade financeira.

Yusuf recomeça a cuidar do jardim de Aziz. A Senhora quer vê-lo porque se convenceu de que ele a salvará da desgraça, da doença, da feiura. Ela era uma viúva rica com quem Aziz se casou. Amina, irmã de Khalil, toma conta dela. Aziz desposou-a também.

Yusuf visita Zulheka e toca-lhe na mancha que ela tem na cara. Ela sente que ele a curará. Amina, a irmã de Khalil, parece corresponder à atração que ele sente por ela. Quer fugir com ela.

UM COÁGULO DE SANGUE 

Zulheka recebe Yusuf sozinha e dirige-se avidamente a ele. Ele foge e ela rasga-lhe a camisa por trás. Khalil diz-lhe mais tarde que ela o acusa de ater atacado e que ele tem de fugir. Ele não foge, regressa a casa. Aziz tinha voltado e pergunta-lhe o que se passou. Yusuf conta-lhe e Aziz acredita. Aziz pergunta-lhe porque foi tantas vezes ao quarto dela. Yusuf revela que foi lá para ver Amina. Aziz parece não o recriminar. Avisa-o mais tarde para ele e Khalil terem cuidado porque os alemães andam a recrutar soldados: devem fechar as portadas da lojas se os virem chegar à praça. E os alemães chegam…

“Logo após a sombra projetada pela sufi, encontrou vários montes de excrementos que os cães mordiscavam já avidamente. Desconfiados, os cães observavam-no pelo canto do olho. Deslocaram ligeiramente os corpos para proteger aquele achado do seu olhar cobiçoso. Perplexo, contemplou-os por um momento, surpreendido com aquela sórdida identificação. Os cães tinham reconhecido um comedor de merda ao deparar com ele.

Viu novamente a sua cobardia cintilar ao luar, no muco das respetivas secundinas, e recordou-se de que a vira respirar. Aquele havia sido o nascimento do primeiro terror resultante do seu abandono.”



sábado, 3 de setembro de 2022

Livro do Desassossego - Bernardo Soares (apreciação de Antonio Muñoz Molina)

El libro sin sosiego

Entre los variados aniversarios de este 2022 hay uno que no debería pasar inadvertido. Hace cuarenta años se publicó en Lisboa la primera edición del Livro do Desassossego, uno de los muchos proyectos literarios que Fernando Pessoa nunca abandonaba y nunca terminaba, y del que a su muerte quedó apenas un sobre con ese título escrito a mano, y un puñado de borradores y fragmentos dispersos, muchas veces garabateados con letra muy difícil en los reversos de cartas comerciales, en cuartillas mecanografiadas, en hojas sueltas con el membrete de un café o de una pastelería. “Fragmentos, fragmentos, fragmentos”, se había quejado Pessoa en una carta a un amigo, en 1914, en la época a la que corresponden las primeras anotaciones destinadas al libro. Aquella primera edición de 1982 era un prodigio de filología y de constancia, culminado al cabo de veinte años de trabajo en el baúl sin fondo de los manuscritos de Pessoa. En 1984, el poeta, traductor y admirable humanista que fue Ángel Crespo tradujo el libro al español, pero en vez de seguir con fidelidad la edición portuguesa estableció una distinta que aclaraba la lectura al sugerir un orden narrativo menos errático y depurar al máximo la unidad tonal de los fragmentos, vinculándolos más firmemente, en la medida de lo posible, a la voz de su personaje central, y casi único, Bernardo Soares, contable auxiliar en una empresa comercial de Lisboa.

Fue en esa edición de Ángel Crespo que publicó Seix Barral, con el retrato anguloso de Almada Negreiros en la portada, en la que muchos descubrimos la prosa del Libro del desasosiego, dejándonos llevar por esa voz que parece murmurar al oído de cada uno y que también parece estar hablando para nadie, en la soledad de una conciencia que apenas se comunica con el mundo exterior, tan enclaustrada en sí misma como el propio Bernardo Soares en su oficina de la Rua dos Douradores, en la Baixa de Lisboa, y en su habitación alquilada en un cuarto piso de esa misma calle, que para nosotros es tan real y tan imaginaria como la calle Eccless de Dublín, o como la Baker Street de Londres en la que tantos aficionados buscan en vano el 221B en el que se alojaban Sherlock Holmes y el doctor Watson.

Bernardo Soares pertenece tan integralmente a Lisboa como Leopold Bloom a Dublín o como Sherlock Holmes a Londres, como el comisario Maigret a París. Fernando Pessoa tenía una ambición literaria tan desmedida como Joyce —construir con la literatura una conciencia nacional que fuera universal a la vez— y se deleitaba leyendo ficciones policiales, y hasta en ocasiones inventándolas, pero las obras maestras con las que soñaba tan laboriosamente nunca llegaron a cuajar, por una especie de maleficio que tenía mucho que ver con su personalidad dubitativa y errante, y con su recelo íntimo hacia lo acabado, lo ya hecho, lo definitivo. Su primer biógrafo, que fue también amigo y discipulo suyo, João Gaspar Simões, recordaba con pena la ansiedad de Pessoa en sus últimos años, ya enfermo y muy gastado por el alcohol, su propósito angustiado de encontrar el tiempo y la calma necesarios para reunir y completar libros de poemas, para revisar los manuscritos y los fragmentos publicados aquí y allá del Libro del desasosiego. Pero le faltaba tiempo, lo agobiaban sus trabajos mal pagados de traductor de cartas comerciales, se le iban las tardes charlando y escuchando en silencio en su mesa habitual del Martinho da Arcada, o elaborando cartas astrales, y su dependencia del alcohol era cada vez más dañina para su salud y su entendimiento. Escribe Gaspar Simões: “Miraba fijo a las personas con ojos atentos, pero desasosegados, como quien hace un esfuerzo para ver el mundo exterior”.

Cómo no va uno a lamentar la frustración de un escritor que sabe que deja tras de sí un libro malogrado, que ha llevado consigo durante gran parte de su vida y al que sin embargo no ha sido capaz de darle la forma que merecía. “Donde hay forma hay alma”, dice telegráficamente Bernardo Soares. Pero el lector del libro, el que se ha ido habituando a él en virtud de esa propiedad adictiva que tiene a veces la literatura, el que lo ha dejado y ha vuelto a lo largo de los años, en ediciones distintas, acaba sospechando que para un libro así no había otra forma posible. Sólo al quedar malogrado alcanza su culminación. Solo esa secuencia cambiante de “fragmentos, fragmentos, fragmentos”, transmite la cualidad peculiar de lo que existe plenamente sin encontrar reposo, lo que sucede en la transmutación constante de las cosas, de los estados de ánimo, de las impresiones de la conciencia, de la vida de la ciudad, del acto mismo de escribir.

No puede haber forma definitiva para un libro así. Perfecto Cuadrado lo volvió a traducir al español para Acantilado en 2002, a partir de una nueva edición portuguesa, esta vez de Richard Zenith, que es la que yo tengo ahora, ya muy usada y subrayada, en formato de bolsillo, lo cual me permite llevarla muchas veces conmigo, ventaja crucial en esta clase de libros errantes, que se instalan tan bien en el escritorio y en la mesa de noche, pero que parecen más favorables todavía cuando uno los lleva en la mochila en sus caminatas por las mismas ciudades que describen. La traducción al inglés del propio Richard Zenith es una de las fértiles mutaciones posibles de este libro que no tuvo punto final en la vida de su autor ni parece tenerlo en su posteridad incesante. Otra edición a cargo de Jerónimo Pizarro y traducida por Antonio Sáez Delgado, la publicó Pre-Textos en 2014. El libro inacabado revive en cada traducción y en cada nueva lectura. Para quien va aprendiendo portugués, quien se esforzó primero en leerlo con la ayuda frecuente de un diccionario, el progreso en el conocimiento de la lengua va añadiendo profundidad y matices a su lectura del libro. Y a medida que uno conoce mejor el libro y la ciudad, más se da cuenta del grado de compenetración que existe entre el uno y la otra. El Libro del desasosiego exaspera muchas veces por la insistencia de Pessoa, y de Bernardo Soares, en su lejanía de las cosas y de los seres humanos, en su morbosa obsesión de sí mismo. Pero de pronto abre los ojos a la vida de la gente común en la calle o al prodigio cotidiano del relumbrar del sol en el empedrado como en un espejo después de la lluvia y toda su distancia nebulosa se convierte en una celebración de lo real.*

Montevideo - Enrique Vila-Matas (para ler)

El lugar exacto en el que irrompe el fantástico 

Estamos de nuevo ante el mejor Vila-Matas. Si no te gusta una novela como Montevideo, entonces es bastante probable que, simplesmente, no te guste la literatura!

Juan Marqués, El mundo Nacional - La leitura, 2 de setembro de 2022

La literatura no es un dios circunspecto ante el que hay que arrodillarse, extasiados, con una actitud reverencial y arrobada. La literatura es más bien un dios burlón que agradece que se le afrente un poco, que sólo está a gusto cuando alguien juega a conciencia con él. Perderle el respeto a la literatura es el mejor modo de demostrar que uno se la toma en serio, y ésta es una lección que Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) asumió muy pronto de sus maestros, una pléyade de autores a los que, remotos o recientes, ha ido citando y homenajeando constantemente en sus libros.

En su nueva novela, Montevideo, el escritor lamenta « la imposibilidad de describir en el papel la intensidad sin límites de una alegría personal», pero lo cierto es que esa instintiva alegría intelectual no sólo se nota, sino que viene multiplicada por el punto de partida, tan aparentemente serio, casi trágico (pero en realidad, por supuesto, autoirónico), de su escritura.

Buena parte de la literatura contemporánea ha renunciado, sin ni siquiera darse cuenta, al deber esencial de divertir, y por ello es reconfortante que un autor como Vila-Matas, tan consagrado y tan «ecuménico», tan unánimemente aplaudido, haga del regocijo del lector su principal objetivo, sin por ello descuidar la máxima autoexigencia. Tras muchos años y varios libros en los que se había extraviado un tanto en un experimentalismo en el que ya no se reconocían plenamente su firma o su mirada, sino que llevaba la narrativa a extremos tal vez comprometidos, en Montevideo regresa de golpe a su esencia literaria, aquella que nos atrapó para siempre en los años noventa y que lo convirtió para mi generación no ya en uno de nuestros escritores preferidos, sino en un autor inaugural, alguien que, por hacer una broma con un leitmotiv del nuevo libro, no dejaba de descubrirnos puertas secretas, de obligarnos a pensar y vivir los textos de otras maneras, y de defender la autonomía radical de la literatura. Ya lo dijo el escritor en El viento ligero en Parma (Sexto Piso, 2008): «Quienes hoy en día siguen creyendo que hay que subordinar la narración a objetivos extraliterarios merecen que se les declare la guerra: guerra total contra una literatura que no confía en sí misma».

Golosamente errática, y desde su eufónico título, Montevideo (que «era una ciudad, pero también un estado de ánimo, una forma de vivir en paz fuera del convulso centro del mundo») busca una belleza extraña en la digresión, en la acumulación, en cierta improvisación lúcida. Pequeñas secuencias narrativas, a menudo meramente anecdóticas, dan lugar a otras que se van complicando y que

UNA PUERTA QUE DA A CORTÁZAR

Aunque el protagonista de ‘Montevideo’ declara no ser cortazariano en un par de momentos, es el cuento ‘La puerta condenada’ (incluido en ‘Final del juego’) lo que, tras el formidable ‘introito’ de París, revitaliza la novela y saca a su personaje del bloqueo que sufría. La obsesión por examinar la habitación 205 del hotel Cervantes de Montevideo, donde transcurre ese cuento, hace que todo se acelere, se ilumine y se eleve al cabo conforman una novela redonda, en el sentido de circular, pero sobre todo en el de impecable. El libro está lleno de observaciones, malentendidos y bromas que tal vez, en algunos casos, no van a ningún lado, pero que tienen muchísima gracia, y que, si se miran bien, contienen una enorme sabiduría que no afecta solo a la literatura, pues apuntan a un modo juguetón, creativo y distinto de afrontar la vida.

Es algo que estaba en el programa fundacional de muchas vanguardias, a las que tanto debe Vila-Matas: no se dice del arte nada que no se diga de la propia vida, y ésta es, de hecho, la principal creación: la realidad es el marco donde desplegarse o, mejor, el marco que desbordar, y así podrá surgir un modo activo, atento, insolente y crítico de vivir. La vida es la realidad cuando despierta, cuando mira alrededor para establecer, como aquí, correspondencias estimulantes y arañar significados nuevos.

Con el estilo de París no se acaba nunca y la frondosidad metaliteraria de Bartleby y compañía ( libro contra el que se arremete hasta casi el repudio en Montevideo) o El mal de Montano, más algún tema de los libros recientes, como Kassel no invita a la lógica, Vila-Matas nos devuelve a sí mismo, su mejor versión, un disparate que se va haciendo muy juicioso, un misterio que no lleva a ninguna respuesta sino a una gran celebración, y una lección literaria que insiste en que «no puede entenderse el adentro con la lógica del afuera».

Montevideo es todo un festival, el mejor Vila-Matas en mucho tiempo. Hay muchos modos de entender y de leer las cosas, pero si no te gusta una novela como ésta, si adentrándote en ella no sientes que estás accediendo al corazón de algo importante o cuando menos pertinente, no pasa nada, pero entonces es bastante probable que, simplemente, no te guste la variante más libre y desatada de la literatura.

quarta-feira, 31 de agosto de 2022

Sábado - Ian McEwan


15 de fevereiro de 2003

UM

Henry Perowne, cirurgião, casado com Rosalind, advogada. Vivem ainda apaixonados. Vivem em Londres, numa praça que dá para a Charlotte Street.

Tem 2 assistentes: Sally Madden e Rodney Browne. O anestesista com quem trabalha, Jay Strauss, tem um assistente, Gita Syal. Heathrow é a empregada de limpeza do hospital.

É pai de Theo, 18 anos, músico de blues, e de Daisy, poetisa.

Acorda a meio da noite e vai à janela, onde observa um avião a arder a descer para Heathrow.

Nas notícias, ouvidas por Henry e pelos filhos, diz-se que é um Tupolev russo, de carga, que acabou por aterrar sem vítimas.

A mãe dele está num lar. Era nadadora.

Conheceu Rosalind quando ela tinha 19 anos: ela teve um tumor benigno na glândula pituitária que quase a cegou e ele acompanhou a operação do dr. Whaley. Ela era filha do famoso poeta John Grammaticus e de Marianne, que morrera há 3 anos, num acidente.

Rosalind vai buscar o pai ao fim do dia. Daisy chega de Paris às sete. Irá publicar o primeiro livro de poemas.

DOIS

A caminho do squash, um carro bate no de Henry: Baxter, o condutor, dá-lhe um murro para o obrigar a assumir a culpa que não tem e Henry diz-lhe que ele tem uma doença degenerativa e consegue fugir dali.

No squash: o anestesista Strauss tem 5 filhos, dois com a segunda mulher. Jogam com grande intensidade. Strauss ganha depois de ter questionado uma anterior jogada que dava a vitória a Henry.

Continua a desloca dos manifestantes contra a intervenção americana no Iraque para derrubar Saddam.

TRÊS 

O avô de Theo e de Daisy terá influenciado a descoberta do talento de ambos. Grammaticus teve várias mulheres a seguir a enviuvar.

Vai chegar hoje, tal com Daisy.

Henry visita a mãe Lily que está com Alzheimer num lar. A seguir vai ouvir, maravilhado com a música, um ensaio do filho.

QUATRO

Henry e Daisy discutem amigavelmente sobre a invasão do Iraque. Chegam Theo e Grammaticus.

Quando chega Rosalind, entram com ela Baxter e um amigo bandido a ameaçar toda a família. Henry promete a Baxter que o trata. Baxter obriga Daisy a despir-se e a declamar um poema dela. Elsa está grávida de 4 ou 5 meses.

Baxter esmurra e parte o nariz a Grammaticus.

Theo e Henry conseguem dominar Baxter, e atirá-lo escadas a baixo, depois de o outro bandido ter fugido. O episódio acaba bem. Baxter vai para o hospital.

Quando estão todos a festejar, Jay telefona a a Henry a pedir-lhe que o vá ajudar numa operação delicada a um homem que caiu das escadas.

CINCO

A operação corre bem. Ao sair, Henry passa pela cama da jovem Andrea, de 14 anos que também foi operada ao cérebro, no dia anterior. Ela está encantada com Rodney, o médico assistente de Henry. Sobe e vai aos cuidados intensivos ver Baxter, que dorme.



………



É uma ilusão acreditar que ele próprio tem um papel activo na história. 


Será que pensa que está a fazer algum contributo quando está a ver noticiários ou deitado de costas no sofá aos domingos à tarde a ler mais colunas de opinião cheias de certezas não fundamentadas, ou longos artigos sobre o que está realmente por detrás disto ou daquilo, ou sobre o que irá certamente acontecer a seguir, previsões esquecidas assim que acabam de ser lidas, muito antes de os acontecimentos as negarem? 


Contra ou a favor da guerra contra o terrorismo ou da guerra do Iraque? 


A favor da deposição de um tirano odioso e da sua família criminosa, a favor de mais inspeção às armas, da abertura das prisões onde os presos são torturados, da localização das valas comuns, da esperança de liberdade e prosperidade e do aviso a outros déspotas?


Ou contra o bombardeamento de alvos civis, o aparecimento inevitável de refugiados e da fome, as acções internacionais ilegais, a ira dos países árabes e o engrossar das fileiras da Al-Qaeda?


Seja como for, tudo vai dar a uma espécie de consenso, uma ortodoxia atenta, uma certa subjugação. 


Será que pensa que a sua ambivalência - se é disso que se trata - o desculpa do conformismo geral?


domingo, 28 de agosto de 2022

Antes de conocernos - Julian Barnes


Tras quince años de implacable matrimonio con Barbara, Graham Hendrick, un historiador y profesor universitario, conoce a Ann, se enamora y, después de unos meses de relaciones clandestinas, abandona esposa, hija, coche e hipoteca, y se marcha a vivir con la mujer que le ha hecho recuperar el placer de vivir. Graham se divorciará de la furiosa Barbara, se casará con Ann, y serán felices para siempre y comerán perdices hasta el día aciago en que sorprende a su nueva esposa cometiendo adulterio en la pantalla. Pues Ann no ha nacido, como desearía Graham y desean todos los enamorados, en el instante preciso en que se conocieron. La joven tiene un pasado en el que ha sido actriz, y ha interpretado pequeños papeles en numerosas películas. Y Graham se dedicará a rastrearlas minuciosamente, y a verlas compulsivamente, pues, como historiador que es, sabe que el pasado, y sus testimonios, importan. Aunque él, más que en una «investigación histórica», se ha embarcado en un delirio de celos  retrospectivos propio de la más desesperada  y divertida­ historia de 
amour fou.

TRES TRAJES Y UN VIOLÍN

Graham Hendrick viu Ann, a sua segunda mulher, a cometer adultério.

1977, 22 de abril: conheceram-se: o escritor Jack Lupton apresentou-os.

Graham era casado há 15 anos com Bárbara e pai de Alice.

Seis meses depois de iniciarem o caso, Graham fica a dormir em casa de Ann e quando chega a casa de manhã conta tudo a Bárbara. Sai de casa. Vive seis meses mais com Ann no apartamento dela e depois vão viver para uma nova casa.

1978, final do verão: Graham e Bárbara divorciam-se. Casa-se com Ann.

IN FRAGANTI

1981 Graham e Alice, por sugestão maliciosa de Bárbara, vão ao cinema ver um filme em que Ann entrou num excerto mau. Ann deixou de ser atriz, ao fim de oito anos, alguns meses antes de conhecer Graham. Começou a trabalhar para a Redman and Gilks, empresa de roupa, como chefe de compras. Viajava muito.

EL OSO BIZCO

Graham diz a Jack Lupton que tem ciúmes dos homens que Ann conheceu “antes de conocernos”. Especialmente dos atores com que contracenou.

Ele diz-lhe para se ligar menos a ela sentimentalmente e Graham diz que não consegue.

SANSEPOLCRO, POGGIBONSI

Ciúmes das viagens que ela fez e dos livros com dedicatórias. Ann confirma uma série de nomes mas nega ter sido amante de Jack.

MEDÍOCRES Y AVENTAJADOS

Ann combina com Jack não contar a Graham que foram amantes.

Bárbara ainda pensa em Graham, embora não lhe perdoe.

Jack vive em Hampshire, no campo, com a sua mulher, Sue.

Graham comprou uma língua de vaca e cortou-a em tiras finas.

EL LAVACOCHES

Graham começou sonhos fortes, depois de ver o filme em que Ann contracenava com Buck Skelton.

EN EL ESTERCOLERO

Depois de ver filmes em que Ann não entrava, Graham e Ann viajam pela França. Tudo parece normal, até porque não vão a nenhuma cidade onde Ann já tenha estado. Entretanto, ela fica com o período e ele fica estranho. Regressam a Londres.

LAS ARENAS FEMINIANAS

Graham justifica nunca ter levado Alice ao zoo. Ela pergunta-lhe pela primeira vez porque deixou a mãe, Bárbara.

Graham questiona ter ciúmes em retrospetiva.

Ann sente Graham cada vez mais desmotivado na relação.

Jack põe a hipótese de estar com Ann.

A VECES UN PURO

Ann organiza uma festa. Graham passa-se quando vê Jack a acariciar Ann. Ann passa-se e diz-lhe que vai comprar um frango vivo e matá-lo para lhe tirar o sangue como faziam nos bordéis e assim ela poderia ser a sua virgem.

EL SÍNDROME DE STANLEY SPENCER

Graham procura nos livros que Jack escreveu provas da infidelidade de Ann, desde 1971, até à época em que Graham conheceu Ann e durante o seu casamento com ela, incluindo o primeiro ano.

Vai almoçar com Sue. Ela sabe que Jack sempre a traiu com outras (o síndrome de Stanley Spencer). Ele diz-lhe que sabe que Jack sempre foi amante de Ann. Sue pensou que seria agradável ir para a cama com Graham, por vingança. Mas Graham está a pensar no momento em que irá confrontar Ann com a verdade que agora conhece.

EL CABALLO Y EL COCODRILO

Graham visita Jack. Irá matá-lo? Jack senta-se a escrever à máquina, depois de dizer que Graham poderá fazer parte do seu livro. Graham pegou numa faca que trouxe com ele e apunhalou-o várias vezes.

Ann, no dia seguinte, …